martes, 7 de febrero de 2012

My first weekend


Queridos amigos y familiares (sobre todo familiares)… ¡SIGO VIVA! Ni me he quemado las manitas cocinando, ni me las he pillado con la puerta, ni me ha dejado de correr la sangre por ellas a causa del frio. Simplemente no he tenido tiempo para escribir y espero tener memoria para recordar todo lo vivido en estos días… ¡Lo siento!


No he parado. El segundo día, los coordinadores tuvieron el detalle de organizarnos una fiesta en un bar de lo más Erasmus que se despecha para “romper el hielo”. ¡Y vamos si lo rompimos! Aquello parecía una verbena al más puro estilo andaluz con todo tipo de coreografías que se podían calificar de todo menos “sexy” (el baile de la Macarena, Paquito el chocolatero…) Y sí que es cierto que los españoles fuimos los potenciadores de dichos actos, pero realmente los protagonistas fueron los Coreanos, ellos sí que se dejan la piel en la pista.



Como nos va la marcha, no dudamos en organizar una cenita Korean-spanish al día siguiente, una combinación de lo más extraña en la que dada la escasez de menaje en las casas, podías encontrarte en tu plato una tortilla de patatas acompañada con sushi o una sopa de pájaro (o algo así) con ensaladilla de guarnición. Sin ánimos de presumir, debo decir que la comida española fue un autentico éxito entre los asiáticos, o quizás sea que están acostumbrados a cenar a las 7 y eran las 10 cuando empezamos. No comían, engullían.
Durante el fin de semana hemos seguido con la misma tónica, cena y despotrique en la casa del pobre que haya tenido la brillante idea de ofrecer su casa. Porque aquí no importa que el anfitrión te haya invitado o no, lo importante es que te enteres ya sea de primera mano o de oídas.




Llegado el domingo imaginas que a determinada hora de la tarde entraras en un estado de melancolía y nostalgia añorando el ansiado fin de semana y deseando que vuelva a la mayor brevedad. ¡Pero no! El inocente café de la sobremesa del domingo desembocó en una gran fiesta de carnaval en el teatro de la ciudad. Y ¿por qué no? Un bailecito, una cervecita y otra fiestecilla con la escusa de “adaptarnos”…
Y es que hay que reconocer que en las Erasmus Party’s es donde más inglés he practicado y cuando mejor se me entiende. Mi pronunciación mejora notablemente con un par de cervecitas.


Aquí termina mi primer fin de semana en Venlo, aunque la situación entresemana no parece diferir mucho… Estabilidad y Erasmus no son palabras que se puedan unir en estos momentos, pero motivación y experiencias inolvidable van de la mano por las frías calles de esta ciudad.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Venlo, ¡para creerlo!


Al más puro estilo Wikipedia, Venlo es una municipalidad (llamémosle “pueblo”) situada en la provincia de Limburgo que ronda los 95.000 habitantes. Geográficamente no es muy grande, y las viviendas son principalmente unifamiliares, nada de edificios de varias plantas con ascensores. Y yo me pregunto… ¿Dónde se meten los aborígenes de este lugar? ¿Cuántas personas habitan cada vivienda? Tengo ciertas lagunas sobre ello... Lo que si tengo bastante claro es dónde no están dichos habitantes y cuántos inquilinos viven en mi casa (aunque esto último no del todo).
(Venlo Center)


Por un lado, observo que la gente no está ni en los parques, ni en las terrazas de los bares, ni tampoco paseando al perro. La gente está en sus casitas con la calefacción a toda leche. Resulta repetitivo que los españoles siempre nos quejemos del frio que hace en el resto de Europa, pero esto es inhumano… No es que la personalidad de los holandeses sea fría, ¡es que están congelados los pobrecitos!

Poniéndonos bajo techo, os cuento. Mi casa tiene nueve habitaciones, dos duchas y una cocina. Aparentemente puede parecer que las zonas comunes no son muy numerosas para tantas personas, ¡pero sobra! He cocinado, me he duchado, he… ¡y no me he tropezado con nadie! Sin embargo, sí que me he quedado sentada esperando en la cocina durante un largo rato para asegurarme de que aquí vive gente, y así es. Pasó un chico de la India, un alemán, y dos más que no tengo noticias de su procedencia ni de nada. ¡Pero verlos, los he visto!

Como es oportuno, antes de cocinar, darme una ducha y demás, hay que pasar por el supermercado. Tengo dos a la vuelta de la esquina: Albert Heijn y Jan Linders. Así fue como comenzó mi gran búsqueda. La esponja.
Normal que me planteara la existencia de ciertos productos en este país… Sin poder imaginarlo, entré en el primer supermercado que vi, me dirigí a la sección de aseo personal, cogí champú, desodorante, pasta de dientes y… ¿Where are the sponges? Pregunté. Hubiera preferido que no me hubieran entendido por mala pronunciación, antes de que me ofrecieran un estropajo como alternativa. Qué indignación más grande… Pero quien la sigue, la consigue; y desde hace unas horas tengo en mi poder un lio de tela tul que se hace pasar por esponja.



Mi universidad está a escasos diez minutos de mi casa caminando con pasitos pequeñitos para evitar que mi pierna esté en contacto con mis gélidos pantalones. Fontys es muy bonita, calentita, acogedora, ¿he dicho ya calentita?
Hoy nos han recibido los coordinadores de la escuela y unos chicos muy agradables que son alumnos de la universidad y se ofrecen voluntarios para ayudarnos durante nuestra estancia. Supongo que sacarán cacho de ello, quizás saltándose sus clases o algo parecido. Qué triste pensar así, pero supongo que es de la única manera que un español lo haría.
Allí hemos almorzado (según ellos) o desayunado (según yo) y hemos realizado múltiples actividades para conocernos. Estoy algo preocupada por mi escasa fluidez en el habla inglesa, pero la única manera de solucionarlo es despreocuparme de hacerlo mejor o peor, hay que hacerlo, sin más. Cuando haya perdido esa vergüenza, me encargaré de las correcciones.

Presiento que esta etapa de mi vida va a estar cargada de emociones y estoy ansiosa por que lleguen esos momentos, momentos que luego no querré que terminen nunca.

¡Buenas noches a todos y unamos nuestras fuerzas para que el agua de la calefacción de mi habitación deje de burbujear toda la noche! ;-)